viernes, 4 de septiembre de 2020

Acercándonos al colapso final.

 Hemos vivido muy bien. Era todo mentira, pero que nos quiten lo bailado.

Desde 1972, el sistema financiero mundial entró en una nueva fase explosiva. La potestad de los BC de emitir tanto dinero como fuera necesario, ha permitido elevar el nivel de vida, salir de la pobreza, mejorar la calidad de los servicios, con un coste oculto, pero continuo. La deuda inició una espiral destructiva, creciendo al principio, poco a poco, para a partir del año 2000, entrar en un círculo vicioso de más y más deuda, para mantener la ficción del crecimiento.

Los BC se han visto obligados a bajar los tipos de interés a cero y como eso no ha sido suficiente, entrar en el terreno surrealista de los tipos negativos. Ni aún asi, la economía se ha recuperado y en un paso adelante, empezaron a fabricar grandes cantidades de dinero, entregadas a la sociedad, para mantener la apariencia de tener todo bajo control. Como ni ha sido suficiente, el episodio del coronavirus ha puesto en apuros a los BC, concluyendo la FED con una declaración histórica en Marzo de 2020, por lacual, la QE, la inyección masiva de dinero, pasaba a ser infinita. 

En los últimos meses, otros dos acontecimientos han puesto sobre el tapete otra vuelta de tuerca adicional. La Unión Europea acepta mutualizar la deuda por primera vez (un eufemismo sobre los eurobonos, para rescatar las economías de la crisis provocada por el coronavirus) y la FED ha admitido que la inflación podrá crecer por encima del 2%, sin elevar los tipos de interés, para evitar el colapso de las cuentas públicas y privadas, incapaces de pagar los intereses asociados a tipos más altos.

La inflación medida por las autoridades, sigue muy baja, pero todos sabemos que la inflación reales mucho más alta. Los parámetros de medición han ido cambiando convenientemente y si midiéramos la inflación con los controles de 1980, la inflación sería bastante más alta. Si, en 1980 no se compraban ordenadores y móviles, pero la inflación real debe estar en un punto entre lo medido ahora oficialmente y lo medido con las normas de 1980, en cualquier caso, superior a la inflación que marcan las estadísticas actuales.

LLegados a este punto sabemos algunas cosas, aunque no se mencionen en las políticas de los BC.

1º) La deuda total es demasiado alta y sigue en aumento. Solo es un ejemplo de la oficina de presupuestos americana, pero es evidente que ya no ocultan que l deuda seguirá creciendo exponencialmente.



2º) Los tipos de interés no pueden subir mientras la deuda siga tan alta. Todos los presupuestos de cada país endeudado, saltarían por los aires si los tipos suben solo unos pocos puntos.

El BCE bajó hace años los tipos a cero (incluso negativos). A pesar de la fuerte recuperación del PIB de la Unión europea (recordar España creciendo por encima del 3% durante años), los tipos han seguido inalterablemente bajos.


En los mercados emergentes estamos asistiendo a un desplome brutal de los tipos, como no se había visto nunca.



  

3º) El crecimiento depende del aumento de deuda. Sin mayor deuda, no hay crecimiento.



4º) Los BC cada vez necesitan inyectar más dinero para mantener estable la economía.


5º) El incremento de la masa monetaria se ha vuelto absolutamente incontrolable. Este gráfico nos muestra una situación que no es puntual, debido a un cisne negro como el coronavirus, sino que es un proceso largo , con fases de aceleración, pero con una tendencia clara. La aceleración final es la culminación de muchos años y no tiene vuelta atrás.



  6º) Es cuestión de tiempo, que tras las políticas de los BC, la velocidad de circulación del dinero, que permanece bajo mínimos, comience a subir.

Este descenso en la velocidad del dinero es lo que nos ha salvado desde 1998 y ha permitido (sin efectos colaterales) el descenso de los tipos de interés.




7º). Con la cantidad de dinero en circulación, en el momento en que la velocidad de circulación del dinero, comience a aumentar, la inflación será imparable. ¿Y cuando subirá?. Desde el momento en que los BC entreguen dinero a la gente, de forma directa, como los cheques de Trump, el ingreso mínimo vital o la Renta Básica Universal.

8º) Una inflación imparable, ata de pies y manos a los BC, y provoca la explosión del sistema financiero mundial.  

9º). Los olvidados países emergentes son los que peor llevan la crisis del coronavirus. No tienen BC poderosos, que facilitan dólares o euros para la recuperación (con una posible devaluación de su divisa como sucede en Turquía) y los disturbios sociales pueden hacer saltar una revolución. 

https://www.maplecroft.com/insights/analysis/emerging-markets-face-unparalleled-civil-unrest-as-economic-impacts-of-pandemic-unfold--study/



Además el ritmo de salidas de capital ha sido impresionante, mucho mayor que en el 2008.

https://www.rankiapro.com/paises-emergentes-economia-derrumba-consecuencias-covid-19/




10º). Siendo desastrosos todos los puntos anteriores, no hemos visto lo peor.

El pico del petróleo se produjo en Noviembre de 2018 (pendiente de confirmar en los próximos años, por supuesto).


Con las reservas de petróleo conocidas, sería posible aumentar la producción de nuevo, si (y el condicional es muy importante) se invierte lo suficiente. Desgraciadamente desde 2015, las inversiones se han desplomado y en 2020, se han vuelto a hundir.


Afortunadamente  (quien lo diría), el coronavirus nos ha salvado de momento. La demanda de petróleo ha caído en picado y no se ha recuperado por completo.



Como consecuencia de la caída en la inversión durante tantos años, en el futuro próximo, la producción de petróleo seguirá una clara senda descendente. El decline de los campos hará su trabajo y al no tener nuevos proyectos, no será posible reponer los barriles perdidos por el decaimiento de los yacimientos. El shale oil ha sostenido la producción en solitario durante los últimos diez años y ahora también se ha hundido. Solo hace falta ver como las plataformas de perforación y los equipos de frac han llegado a mínimos históricos, para comprender  que el shale oil no repuntará a corto plazo.




Por lo tanto, si a pesar de todo, superamos la crisis del coronavirus, el balance oferta demanda en el petróleo, causará un desastre en los precios (recordar la inflación de costes en la década de los 70) y volveremos a los problemas comentados de la elevada inflación. La transición renovable está en marcha, pero no puede hacer milagrosa en los próximos tres o cuatro años.


                                                        *   *   *   *  *


Los BC pueden hacer las rondas que quieran, para suministrar liquidez, cuando un suceso como las guerras comerciales, la crisis de los repos o el coronavirus, amenazan con una crisis final, pero todo tiene un límite. Las subidas del Nasdaq se han vuelto verticales y es posible que veamos fuegos artificiales antes del desastre, pero esa verticalidad nos indica precisamente, que el final está cerca.

Alasdair Mcleod nos avisa en su último artículo, que casi hemos llegado al final. La caída del dólar, la subida del oro y la plata, son los canarios en la mina. Vigilarlos.


 https://www.goldmoney.com/research/goldmoney-insights/inflation-running-out-of-road


Si cree que la inflación de precios ronda el 1,6%, ha caído en el mito del IPC del BLS. Dos analistas independientes que utilizan diferentes métodos, el índice Chapwood y Shadowstats.com, demuestran que los precios están aumentando a un ritmo mucho más rápido, más como un 10% anual, y lo han estado haciendo desde 2010.

Este artículo analiza las consecuencias de la contención de la inflación de precios, particularmente a la luz del discurso de Jerome Powell en Jackson Hole cuando rebajó la importancia de la inflación de precios en los objetivos de política de la Fed a favor de la focalización en el empleo.

Concluye que la conciliación entre la cifra del IPC de BLS y la tasa real de inflación de precios es inevitable y será catastrófica para la política de la Fed de suprimir las tasas de interés, su maximización del "efecto riqueza" de los precios inflados de los activos financieros y para el dólar sí mismo.

La inflación monetaria despega

La semana pasada vio una conferencia virtual de Jackson Hole, donde Jerome Powell rebajó la meta de inflación a favor del otro mandato de la Fed, el empleo. Y Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra, afirmó: “No estamos sin poder de fuego de ninguna manera…. para ser honesto, desde el punto de vista de hoy, parece que fuimos demasiado cautelosos acerca de nuestra potencia de fuego restante antes del Covid ”.

Ambos hombres estaban rompiendo guiones anteriores. Dado que es probable que también los rompan, no tiene mucho sentido examinarlos más a fondo. Porque el hecho es que todos los grandes bancos centrales están atrapados en problemas de su propia creación, y hace algún tiempo perdieron el control de sus destinos. La Figura 1 a continuación resume el problema.



gráfico xau 50

M1 es el indicador monetario limitado de EE. UU. Durante 28 años desde 1980, creció a una tasa anual promedio simple de 8.8% anual. Desde 2008 hasta febrero pasado, tras la crisis de Lehman creció a una tasa media anual del 16,6%, desde el 24 de febrero en seis meses ha crecido un 34%, que es una tasa media anual del 68%. Lo que Powell admitió efectivamente en Jackson Hole fue que el crecimiento anualizado de M1 del 68% no fue suficiente para asegurar que la economía de Estados Unidos se recuperara. Habría tenido que restar importancia al efecto sobre los precios para crear margen para nuevos aumentos en la tasa de crecimiento monetario.

Evidentemente, la Fed está atrapada por sus políticas inflacionarias. Y la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., Que calcula los índices de precios al consumidor de EE. UU., Tendrá que trabajar aún más para suprimir la evidencia de inflación de precios. En los últimos diez años han registrado una tasa media anual de inflación de precios de 1,69% medida para las ciudades estadounidenses (CPI-U), y para la primera mitad de 2020 dicen que fue de 0,83%, o 1,66% anualizado. Mantener esta ficción ha sido una hazaña notable de la gestión estadística, en comparación con las cifras de cincuenta ciudades sin adulterar recogidas por el índice de Chapwood. [i] La Figura 2 muestra la brecha entre el IPC del BLS y las estimaciones no adulteradas de Chapwood.



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No es nuestro propósito dar a entender que el índice de precios de Chapwood es una representación precisa de la inflación de precios. Podemos hablar del nivel general de precios en un sentido teórico, pero en la práctica no se puede medir porque cada consumidor tiene una experiencia de precios diferente. Solo cuando uno se suscribe a la versión macroeconómica de la economía y habla de agregados extraños, se calcula una cifra. Pero si elimina los cambios en los métodos de cálculo del BLS desde 1980, termina con una tasa de inflación de precios similar a la del índice de Chapwood, que es confirmada por John Williams en Shadowstats.com.

Ahora, reconsideremos los discursos de Jay Powell y Andrew Bailey en Jackson Hole bajo esta luz. En lugar de una tasa promedio de inflación anual de precios durante los últimos diez años del 1.69%, Chapwood nos dice que ese promedio es 10.1%, variando entre 13.4% en Sacramento y 7.1% en Albuquerque. Es en este contexto que Powell propone rebajar el mandato de inflación de la Fed. Dado que la inflación monetaria M1 promedió el 16% entre la crisis de Lehman y febrero pasado (ver Figura 1), el efecto precio registrado por Chapwood no es sorprendente. Pero se pone peor para Powell. Si aceptamos las cifras de Chapwood como realistas y las usamos para deflactar el PIB nominal, podemos ver que la economía estadounidense ha estado en una depresión durante los últimos diez años: el PIB ajustado se ha contraído en un 65% desde 2010. Esto se ilustra en la Figura 3 .



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La única compensación es el efecto riqueza tan cacareada de la Fed que proviene de la especulación con activos financieros. Pero ese alivio solo está disponible para los inversionistas estadounidenses y aquellos empleados en servicios financieros y servicios relacionados, lo que perjudica a los pobres y desempleados que habitan Main Street, la economía no financiera. Es en este contexto, quizás, que deberíamos ver el actual malestar civil y la lucha racial en Estados Unidos.

Despertando a la realidad

Nadie en las corrientes principales de inversión y medios, y mucho menos en la Fed, parece comprender el alcance de las distorsiones estadísticas y las consecuencias. Podemos contarlos a todos, incluidos los profesores de economía y las figuras de alto nivel en el juego de las inversiones, entre los 999,999 del proverbial millón que no entienden el dinero y las consecuencias de su degradación.

El otro lado de la caída del PIB real que se ilustra en la Figura 3 es la transferencia de riqueza de productores y consumidores en la economía no financiera. Si, como implica un deflactor del PIB de Chapwood, el PIB ha disminuido en un 65% en términos reales desde la crisis de Lehman, entonces podemos decir que nos da una aproximación de la transferencia de riqueza neta a través de la inflación monetaria de los productores y consumidores al estado, la Fed, los bancos comerciales y sus clientes favoritos.

Si los macroeconomistas piensan que la inflación estimula la demanda, además de los efectos catastróficos artificiales iniciales y finales quizás, se equivocan: la mata. El elemento de degradación monetaria que termina en manos del gobierno, tomado del sector productivo no financiero junto con todos los impuestos, se desperdicia porque un gobierno produce poco más que interferencia con una economía que por lo demás funciona. El verdadero propósito de la inflación monetaria no es mejorar nuestras vidas, sino financiar los déficits públicos.

El elemento de inflación del crédito bancario que termina con los clientes favorecidos del sistema bancario, compuestos principalmente por las grandes y pesadas corporaciones zombis de antaño, pone en desventaja a las empresas emprendedoras más dinámicas entre los sectores pequeños y medianos en la medida en que se les niegan condiciones crediticias similares. El elemento de inflación monetaria que acaba alimentando la especulación en la economía financiera es despojado de los saldos de liquidez y ganancias de los productores y consumidores sin su conocimiento o consentimiento. La inflación monetaria es virtualmente imposible de detectar para los robados, ya que no se revela mediante métodos contables.

A pesar de la aceleración de la oferta monetaria M1, la deflación sigue siendo un temor común, inducido sin duda por la renuencia de los bancos comerciales a otorgar crédito en un momento de creciente riesgo crediticio. Pero a la Fed ya le preocupa que los bancos comerciales no aprueben sus políticas monetarias, por lo que las está evitando comprando bonos corporativos y valores respaldados por hipotecas comerciales a través de BlackRock. Seguramente seguirán otros esquemas similares. Pero siempre equivale a respaldar los negocios de ayer, que de otro modo los mercados probablemente juzgarían como fallas de hoy.

Claramente, cualquier tendencia de contracción del crédito bancario será contrarrestada por la Reserva Federal mediante una expansión adicional y apropiadamente agresiva del dinero limitado, para lo cual Powell estaba limpiando las cubiertas en Jackson Hole. Podría conducir a una tasa de crecimiento de M1 aún más rápida que el 68% anualizado desde febrero. Los que se preocupan por la deflación del crédito bancario son, por tanto, prematuros en su análisis y, evidentemente, creen en la inflación monetaria como una panacea económica. Pero en términos reales, la economía estadounidense ya se está contrayendo porque la inflación monetaria está provocando aumentos de precios mucho más rápidos de lo que generalmente se cree. La inflación monetaria como política solo empeoraría las cosas.

También es un mito que la inflación monetaria es útil para las empresas. Si bien los neokeynesianos alaban un abaratamiento artificial y temporal de los costos de fabricación internos, las empresas necesitan estabilidad monetaria para calcular el valor de los pagos futuros: una economía saludable depende del cálculo empresarial que se basa en la certeza de la estabilidad de precios. No es suficiente decir que la supresión de los tipos de interés beneficia a las empresas: solo es cierto para las empresas zombis sobreendeudadas que con ayudas estatales pueden sobrevivir un poco más. Pero eso es un impulso artificial en sus fortunas a expensas de un impuesto inflacionario oculto para todos los demás. La inflación, junto con la supresión de las tasas de interés, no solo promueve y sostiene estos fracasos comerciales,

Si los efectos de la inflación monetaria se hacen evidentes para los actores de la economía no financiera, comienzan un proceso de reducción de su liquidez monetaria, sabiendo que el dinero comprará menos en el futuro que en el presente. Hasta ahora, los actores económicos parecen dar más crédito a las cifras de inflación del BLS que a su propia experiencia; pero eso no puede durar. Cuando se hace evidente el efecto sobre los precios de una expansión anualizada del dinero M1 estrecho del 68%, es probable que socave la complacencia generalizada. Y cuando las personas se den cuenta de que el nivel general de precios está aumentando a pesar de la caída de la actividad económica, comenzarán a deshacerse de todas las formas de liquidez en dólares que poseen a cambio de bienes, impulsando la inflación de precios incluso más alta de lo que sugerirían las cantidades aumentadas de dinero.

Cerrar los ojos a esta realidad no tiene sentido. Las cifras del IPC del BLS demostrarán estar definidas por una vulgaridad sugerida por sus propias siglas. Y cuando los mercados lo retumben, la Fed no podrá contener los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense en los niveles bajos actuales. Si tomamos las cifras de inflación de precios de Chapwood para este año, entonces el rendimiento actual del bono del Tesoro de EE. UU. A 10 años es menos 9,45%, que debe estar cerca de un récord en los anales de la historia monetaria de EE. UU.

Supongamos, por un momento, que los mercados financieros se ajustan a tasas de inflación de precios más cercanas a las cifras de Chapwood, que ya se han acelerado de un promedio anual de 9,6% para 2019 a 10,1% en la primera mitad de 2020. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. subir en el extremo corto de la curva para reflejar esa cifra, quizás con un margen sobre ella. Con el déficit presupuestario del gobierno que seguramente superará los $ 3 billones en el año fiscal actual (hasta octubre) y tal vez el doble en el próximo, la factura de intereses de 2019 de $ 383 mil millones sobre la deuda existente y la tasa más alta para las refinanciaciones de bonos del Tesoro de EE. UU. Más los intereses de nueva deuda, es probable que los costos totales anuales de financiamiento se acerquen rápidamente al billón de dólares. Es una trampa de la deuda que se cerró firmemente y los inversores lo tendrán en cuenta.

Un déficit presupuestario fuera de control seguirá financiándose mediante la flexibilización cuantitativa; no hay otra forma. Pero un aumento en los rendimientos de los bonos también tendrá un efecto catastrófico en las acciones, en sus valoraciones como activos financieros, en el costo de la deuda corporativa nueva y renovada y en las valoraciones de las garantías crediticias. El tan cacareada efecto riqueza, que ha ocultado el colapso del PIB real desde la crisis de Lehman, se evaporará rápidamente. Debido a que la Fed ha hecho todo lo posible por utilizar la inflación monetaria para sostener una burbuja financiera, también ha atado el futuro del dólar a ella, por lo que su estallido seguramente tendrá un efecto profundamente negativo en el poder adquisitivo del dólar.



El problema de la inflación está a punto de empeorar

Ahora hemos establecido que la Fed está comprometida a acelerar el aumento de la cantidad de dinero. También hemos establecido que sus políticas monetarias combinadas con la manipulación estadística de precios ha tenido el efecto contrario al pretendido, tanto es así que desde la crisis de Lehman la economía estadounidense se ha contraído en términos reales en más de la mitad, lo que cualquier sociólogo competente te dirá. conduce a disturbios civiles - claramente evidenciado hoy. Hemos llegado a un punto culminante en la locura macroeconómica.

Está a punto de empeorar.

A pesar de la aceleración de la oferta monetaria posterior a Lehman, en septiembre pasado el mercado de repos estalló el día en que Deutsche Bank vendió su principal corredora a BNP, el banco francés de importancia sistémica mundial, un G-SIB. Puede que haya sido o no el desencadenante de problemas en curso en el mercado de repos, pero claramente, había problemas de liquidez en el sistema bancario y financiero de Estados Unidos en ese momento.

Se sumó a la contracción del comercio internacional del año pasado, debido en gran medida a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China con efectos en cadena para los socios comerciales de China, como Alemania. Las entidades no bancarias, principalmente las compañías de seguros, los fondos de pensiones y los fondos de cobertura que actuaban directamente oa través de agencias habían acumulado grandes posiciones en swaps de divisas, rompiendo los diferenciales de interés entre euros y yenes por un lado y un dólar en alza por el otro. Los G-SIB, particularmente JPMorgan, no tenían reservas excedentes disponibles para financiar más especulaciones no bancarias en este mercado. El cambio del ciclo de expansión del crédito bancario estaba sobre nosotros debido a estos problemas de liquidez, en lugar del problema normal de fin de ciclo de balances bancarios sobreequilibrados que enfrentan un riesgo crediticio creciente. Sin embargo, gracias al covid-19, el riesgo crediticio ahora está aumentando rápidamente.

El índice S & P500 se desplomó en un tercio entre mediados de febrero y el 23 de marzo, cuando los inversores institucionales se dieron cuenta de repente de las consecuencias deflacionarias de la escasez de liquidez en el sistema bancario. Tomó el recorte de la Fed en su tasa de fondos del 1% al 0% el 16 de marzo y su declaración del 23 de marzo, cuando prometió una nueva QE y un apoyo monetario infinito para las empresas y los hogares, para aliviar el problema de liquidez. [ii]

Al mismo tiempo, llegaron los bloqueos de covid-19. China había impuesto bloqueos en la provincia de Hubei en enero, pero desde principios de marzo, el resto del mundo comenzó a bloquearse, y el Reino Unido lo hizo el 23 de marzo. En los Estados Unidos, varios estados anunciaron cierres cerrados a partir del 17 de marzo, y Nueva York el 22 de marzo. Las acciones de la Fed, recortando su tasa de interés el 16 de marzo y anunciando una QE infinita el 23 de marzo, fueron oportunas y un hito financiero.

En todo el caos de los bloqueos es fácil olvidar que el colapso de la liquidez durante la noche ya fue una crisis evolutiva de seis meses, que marcó un punto de inflexión cíclico en la expansión del crédito bancario. A diferencia de Lehman, que reflejó un ciclo de excesiva especulación inmobiliaria, éste tiene sus raíces en una recesión en el comercio mundial y ahora interno, así como en un desequilibrio monetario mundial a favor del dólar. Según las cifras de TIC del Tesoro de los EE. UU., A fines de junio de 2019, que son las estimaciones disponibles más recientes, los extranjeros poseían $ 20,534 mil millones en valores estadounidenses. [iii] A esto hay que sumar las facturas y el efectivo, que en el último informe de TIC (junio de 2020) totalizaban otros 6.227 mil millones de dólares. [iv]Por lo tanto, dejando a un lado las diferentes fechas de registro y las mayores valoraciones de las acciones en la actualidad, la propiedad extranjera de dólares es de aproximadamente $ 27 billones, lo que equivale al 125% del PIB de EE. UU. En 2019.

La propiedad extranjera equivale a una cifra tan grande en relación con el PIB debido a el estado de reserva del dólar, la participación extranjera en la financiación de los déficits presupuestarios de Estados Unidos y la anticipación de una expansión del comercio futuro. Pero como hemos visto, el comercio mundial comenzó a contraerse en 2019, lo que, de continuar, reduce la necesidad de mantener dólares. Y podemos estar seguros de que si los tenedores extranjeros consideran que la economía estadounidense está en una recesión, más allá de sus requisitos de liquidez marginal, no hay ninguna razón para que mantengan dólares porque siempre pueden comprarlos cuando realmente los necesitan.

En consecuencia, Estados Unidos es vulnerable a la liquidación extranjera de valores, compuestos por bonos del Tesoro de Estados Unidos y otros bonos, junto con inversiones de cartera que ascienden al 20% del total de valores estadounidenses a largo plazo existentes. [v]Hasta ahora, en términos netos, los extranjeros parecen haber detenido o ralentizado sus compras netas de valores estadounidenses y dólares en efectivo. Algunas posiciones habrán sido deshechas por los fondos de cobertura estadounidenses y otras entidades que operan en el mercado de swap de divisas en lugar de extranjeros, lo que conducirá a la cotización del dólar ponderada a la baja en aproximadamente un diez por ciento hasta el máximo del 23 de marzo. Pero parece que los extranjeros aún no han comenzado a vender dólares en cantidades significativas. Cuando lo hagan, venderán bonos corporativos y del Tesoro de los Estados Unidos y también liquidarán carteras de acciones. Y si lo hacen en un momento en que no hay suficientes compradores nacionales para absorber sus ventas, estos mercados colapsarán a lo largo del dólar, que también se venderá.

A corto plazo, el curso de los precios de los activos financieros y del valor de cambio del dólar será determinado en gran medida por los no estadounidenses. [Como nota al margen, la última vez que una moneda y los activos financieros se entrelazaron tanto fue en la burbuja de Mississippi. El banquero irlandés-francés, Richard Cantillon, hizo su segunda fortuna en la última parte de 1719 colocando en corto la moneda en libras antes del pico de las acciones a fines de febrero de 1720. Un patrón similar podría estar surgiendo hoy en la relación entre el dinero fiduciario y activos financieros, con el dólar debilitándose antes que los activos financieros estadounidenses] [vi]



Pinchando la burbuja

Sabemos que las dos versiones de inflación de precios, la del BLS y la de Chapwood (que concuerda con Shadowstats) están muy separadas. El sector financiero está tasando los activos financieros sobre la base del IPC del BLS y, por lo tanto, acepta la política monetaria de la Fed de mantener las tasas de interés a corto plazo cerca del límite cero. Pero el aumento de los precios del dinero metálico, el oro y la plata, indica que las políticas de supresión de la inflación aparente de precios y las tasas de interés están teniendo problemas.

Sabemos, por lo tanto, que la burbuja de activos financieros en sí está en un último hurra, y su deflación implosionante, impulsada inicialmente quizás por una resolución de la tensión entre el IPC del BLS y la verdadera tasa de inflación de precios, es solo una cuestión de tiempo. Podemos identificar algunas razones clave que pueden desencadenar el estallido de la burbuja de activos financieros:

• Una creciente comprensión de que los cierres del covid-19 son adicionales al ciclo crediticio y los problemas de liquidez que surgieron en septiembre de 2019 y que una recuperación posterior al covid-19 será seguida por una caída más profunda e intratable.

• Los problemas de liquidez en el sistema bancario y para sus clientes no financieros, junto con la escalada de insolvencias, están provocando quiebras bancarias. Afortunadamente, los bancos estadounidenses generalmente están menos apalancados que los de otros lugares. Pero los bancos G-SIB de la zona euro, japoneses, chinos y del Reino Unido plantean riesgos sistémicos excepcionales, por lo que su supervivencia continua como bancos comerciales independientes es poco probable más allá del corto plazo.

• Venta extranjera de activos financieros estadounidenses y repatriación de sus fondos.

Las dos primeras viñetas simplemente garantizarán una nueva escalada en la tasa de inflación monetaria mientras la asociación de los bancos centrales y los departamentos del tesoro estatal intentan desesperadamente contener una situación de deterioro. Pero la repatriación extranjera de fondos afectará más al dólar, haciéndolo perder poder adquisitivo frente a otras monedas a medida que colapsan los valores de los activos financieros. El euro, el yen y el yuan chino parecerán perversamente fuertes durante un breve período, con sus bancos centrales desesperados por contener las subidas de sus propias monedas en la creencia de que son deflacionistas.

La magnitud de la inflación del dólar también significará que los precios mundiales de las materias primas y las materias primas aumentarán, lo que indica que el poder adquisitivo del dólar está cayendo.

La evidencia empírica en estas situaciones indica que una moneda que infla es golpeada primero en las divisas, antes de que la población nacional descubra lo que le está sucediendo a su dinero. Luego sigue un pánico creciente entre los usuarios domésticos por deshacerse del dinero. En los colapsos monetarios mejor documentados, como el de Alemania de 1923, se exigió cada vez más efectivo para gastarlo lo antes posible, y la evidencia de Venezuela sugiere que esto sigue siendo cierto en la actualidad. Sin embargo, los sistemas financieros más sofisticados han eliminado el efectivo para la mayoría de las transacciones, reemplazándolo con tarjetas de crédito y débito, así como con otras formas de dinero electrónico. La banca y las compras por Internet aceleran aún más el proceso de convertir el dinero en bienes.

Esto tiene el efecto de acelerar significativamente el proceso de gasto, lo que lleva a una pérdida de poder adquisitivo más rápida en comparación con una moneda cuyos usuarios primero hacen un viaje a su banco para cobrar sus depósitos antes de dirigirse a las tiendas. Además, una generación de millennials conocedores de las criptomonedas han sido advertidos de las consecuencias de la inflación del dinero fiduciario y están preparados para deshacerse de las monedas antes de lo que lo habrían sido sus equivalentes en el pasado.

Teniendo en cuenta estos factores, es probable que el colapso del poder adquisitivo de una moneda que se ha utilizado para ahorrar activos financieros y quebrado, una vez que el público en general comprenda finalmente las consecuencias, sea sorprendentemente rápido. En 1923 Alemania, el colapso final duró aproximadamente seis meses. En 2020, Estados Unidos podría tomar tan solo unas pocas semanas.

Otras monedas que se refieren al dólar por sus valores relativos seguramente sufrirán la misma suerte, no ayudadas por el hecho de que sus bancos centrales han estado aplicando políticas monetarias similares y probablemente cooperarán entre sí hasta el amargo final.


Saludos.



PD. Nos anuncian la fusión Bankia-Caixabank, más fuegos artificiales.

En un proceso hiperinflacionario, los inversores lo pierden todo en lo que respecta al mercado de renta fija y efectivo. La bolsa acompaña a la subida de la inflación, hasta que explota. Materias primas también al alza y por supuesto el oro y la plata.

Preguntas.

¿Se puede revertir el final del sistema?.  

No.

¿Se puede retrasar?.

Las burbujas siempre explotan más tarde de lo que imaginamos. En este caso, la burbuja ha sido provocada por los propios BC y por lo tanto su potencia de fuego es casi infinita. Está calro que resistirán todo lo que puedan y más. Pueden retrasar el final, pero no pueden evitarlo. Es importante el diagnóstico correcto y no es tan fundamental el timming. 

¿Como protegernos?.

Comprando metales preciosos (sobre todo plata) físicos.

¿Cuando piensas que ocurrirá?.

Sin teorías conspiranoicas, no antes de las elecciones USA. 

Me gustaría hacer una petición. Todos aquellos que califican de catastrofista esta exposición, pueden en los comentarios manifestar su oposición al diagnóstico y su final concluyente. Por ejemplo. Los BC no van a permitir que la economía caiga, mediante inyecciones masivas de dinero y no van a provocar inflación porque...(?).

O la transición renovable creará multitud de puestos de trabajo en cuanto se ponga en marcha. El petróleo será sustituido en 20??.

O la tecnología nos salvará de todo. Inventaremos el teletransporte y fabricaremos alimentos como en Soylent Green. Por supuesto la fusión nuclear será una realidad en  20??.

Muchas gracias anticipadas. El primer interesado en estar equivocado, por razones evidentes, soy yo.  

PD2, Quiero terminar esta entrada con una cita de Alan Greenspan de 1966. La hipocresía de los banqueros centrales cuando están en el poder, queda de manifiesto de forma clara y cristalina.

  http://www.321gold.com/fed/greenspan/1966.html

 

Oro y libertad económica

por Alan Greenspan
[escrito en 1966]

Este artículo apareció originalmente en un boletín: The Objectivist publicado en 1966 y fue reimpreso en Capitalism: The Unknown Ideal de Ayn Rand.

Compre el libro - haga clicUn antagonismo casi histérico hacia el patrón oro es un tema que une a los estadistas de todas las tendencias. Parecen sentir, quizás más clara y sutilmente que muchos defensores consistentes del laissez-faire, que el oro y la libertad económica son inseparables, que el patrón oro es un instrumento del laissez-faire y que cada uno implica y requiere al otro.

Para comprender la fuente de su antagonismo, primero es necesario comprender el papel específico del oro en una sociedad libre.

El dinero es el denominador común de todas las transacciones económicas. Es esa mercancía que sirve como medio de intercambio, es universalmente aceptable para todos los participantes en una economía de intercambio como pago por sus bienes o servicios y, por lo tanto, puede usarse como patrón de valor de mercado y como depósito de valor. es decir, como medio de ahorro.

La existencia de tal mercancía es una condición previa para una economía de división del trabajo. Si los hombres no tuvieran alguna mercancía de valor objetivo que fuera generalmente aceptable como dinero, tendrían que recurrir al trueque primitivo o se verían obligados a vivir en granjas autosuficientes y renunciar a las inestimables ventajas de la especialización. Si los hombres no tuvieran medios para almacenar valor, es decir, para ahorrar, no sería posible ni la planificación ni el intercambio a largo plazo.

Qué medio de intercambio será aceptable para todos los participantes en una economía no se determina arbitrariamente. Primero, el medio de intercambio debe ser duradero. En una sociedad primitiva de escasa riqueza, el trigo podría ser lo suficientemente duradero para servir como medio, ya que todos los intercambios ocurrirían solo durante e inmediatamente después de la cosecha, sin dejar valor excedente para almacenar. Pero cuando las consideraciones sobre la reserva de valor son importantes, como lo son en sociedades más ricas y civilizadas, el medio de intercambio debe ser una mercancía duradera, generalmente un metal. Generalmente, se elige un metal porque es homogéneo y divisible: cada unidad es igual que cualquier otra y se puede mezclar o formar en cualquier cantidad. Las joyas preciosas, por ejemplo, no son homogéneas ni divisibles. Más importante, la mercancía elegida como medio debe ser un lujo. Los deseos humanos por los lujos son ilimitados y, por lo tanto, los artículos de lujo siempre están en demanda y siempre serán aceptables. El trigo es un lujo en las civilizaciones desnutridas, pero no en una sociedad próspera. Los cigarrillos normalmente no servirían como dinero, pero lo hicieron en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde se consideraban un lujo. El término "bien de lujo" implica escasez y alto valor unitario. Al tener un valor unitario alto, un producto de este tipo es fácilmente transportable; por ejemplo, una onza de oro vale media tonelada de arrabio. pero no en una sociedad próspera. 

En las primeras etapas de una economía monetaria en desarrollo, podrían utilizarse varios medios de intercambio, ya que una amplia variedad de productos cumplirían las condiciones anteriores. Sin embargo, una de las mercancías desplazará gradualmente a todas las demás al ser más aceptable. Las preferencias sobre qué guardar como reserva de valor se desplazarán hacia el producto más ampliamente aceptable, lo que, a su vez, lo hará aún más aceptable. El cambio es progresivo hasta que esa mercancía se convierte en el único medio de intercambio. El uso de un solo medio es muy ventajoso por las mismas razones por las que una economía monetaria es superior a una economía de trueque: hace posibles los intercambios en una escala incalculablemente más amplia.

Si el medio único es oro, plata, conchas, ganado o tabaco es opcional, según el contexto y el desarrollo de una economía determinada. De hecho, todos han sido empleados, en distintas épocas, como medio de intercambio. Incluso en el presente siglo, dos productos básicos importantes, el oro y la plata, se han utilizado como medio de intercambio internacional, y el oro se ha convertido en el predominante. El oro, que tiene usos artísticos y funcionales y es relativamente escaso, tiene ventajas significativas sobre todos los demás medios de intercambio. Desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, ha sido prácticamente el único estándar internacional de intercambio. Si todos los bienes y servicios se pagaran en oro, los pagos grandes serían difíciles de ejecutar y esto tendería a limitar el alcance de una sociedad ''. s divisiones de trabajo y especialización. Así, una extensión lógica de la creación de un medio de intercambio es el desarrollo de un sistema bancario y de instrumentos de crédito (billetes y depósitos) que actúan como sustitutos del oro, pero son convertibles en oro.

Un sistema bancario libre basado en oro es capaz de extender crédito y así crear billetes de banco (moneda) y depósitos, de acuerdo con los requerimientos de producción de la economía. Los propietarios individuales de oro son inducidos, mediante pagos de intereses, a depositar su oro en un banco (contra el cual pueden retirar cheques). Pero como rara vez es el caso de que todos los depositantes quieran retirar todo su oro al mismo tiempo, el banquero necesita mantener solo una fracción de sus depósitos totales en oro como reservas. Esto permite al banquero prestar más de la cantidad de sus depósitos de oro (lo que significa que tiene derechos sobre oro en lugar de oro como garantía de sus depósitos). Pero la cantidad de préstamos que puede pagar no es arbitraria:

Cuando los bancos prestan dinero para financiar actividades productivas y rentables, los préstamos se liquidan rápidamente y el crédito bancario sigue estando disponible en general. Pero cuando las empresas financiadas con crédito bancario son menos rentables y tardan en pagar, los banqueros pronto descubren que sus préstamos pendientes son excesivos en relación con sus reservas de oro, y comienzan a restringir los nuevos préstamos, generalmente cobrando tasas de interés más altas. Esto tiende a restringir el financiamiento de nuevas empresas y requiere que los prestatarios existentes mejoren su rentabilidad antes de que puedan obtener crédito para una mayor expansión. Por lo tanto, bajo el patrón oro, un sistema bancario libre se erige como el protector de la estabilidad y el crecimiento equilibrado de una economía. Cuando el oro es aceptado como medio de intercambio por la mayoría o todas las naciones, un patrón oro internacional libre y sin trabas sirve para fomentar una división mundial del trabajo y el comercio internacional más amplio. Aunque las unidades de cambio (el dólar, la libra, el franco, etc.) difieren de un país a otro, cuando todas se definen en términos de oro, las economías de los diferentes países actúan como una sola, siempre que no haya restricciones. sobre el comercio o sobre el movimiento de capitales. El crédito, las tasas de interés y los precios tienden a seguir patrones similares en todos los países. Por ejemplo, si los bancos de un país otorgan crédito con demasiada libertad, las tasas de interés en ese país tenderán a caer, lo que inducirá a los depositantes a trasladar su oro a bancos que pagan intereses más altos en otros países.

Aún no se ha logrado un sistema bancario completamente libre y un patrón oro completamente consistente. Pero antes de la Primera Guerra Mundial, el sistema bancario en los Estados Unidos (y en la mayor parte del mundo) se basaba en el oro y, aunque los gobiernos intervenían ocasionalmente, la banca era más libre que controlada. Periódicamente, como resultado de una expansión crediticia demasiado rápida, los bancos se prestaron hasta el límite de sus reservas de oro, las tasas de interés subieron bruscamente, se cortaron nuevos créditos y la economía entró en una recesión aguda, pero de corta duración. (En comparación con las depresiones de 1920 y 1932, las caídas comerciales anteriores a la Primera Guerra Mundial fueron realmente leves). Fueron las limitadas reservas de oro las que detuvieron las expansiones desequilibradas de la actividad comercial. antes de que pudieran convertirse en el tipo de desastre posterior a World Was I. Los períodos de reajuste fueron breves y las economías restablecieron rápidamente una base sólida para reanudar la expansión.

Pero el proceso de curación se diagnosticó erróneamente como la enfermedad: si la escasez de reservas bancarias estaba provocando una caída empresarial, argumentaron los intervencionistas económicos, ¿por qué no encontrar una manera de proporcionar mayores reservas a los bancos para que nunca tengan que quedarse cortos? Si los bancos pueden seguir prestando dinero de forma indefinida, se afirmó, no será necesario que se produzcan caídas en los negocios. Y así, el Sistema de la Reserva Federal se organizó en 1913. Consistía en doce bancos regionales de la Reserva Federal que nominalmente eran propiedad de banqueros privados, pero de hecho estaban patrocinados, controlados y respaldados por el gobierno. El crédito otorgado por estos bancos está en la práctica (aunque no legalmente) respaldado por el poder impositivo del gobierno federal. Técnicamente, nos mantuvimos en el patrón oro; los individuos todavía eran libres de poseer oro, y el oro siguió utilizándose como reservas bancarias. Pero ahora, además del oro, el crédito otorgado por los bancos de la Reserva Federal ("reservas de papel") podría servir como moneda de curso legal para pagar a los depositantes.

Cuando los negocios en los Estados Unidos sufrieron una leve contracción en 1927, la Reserva Federal creó más reservas de papel con la esperanza de prevenir cualquier posible escasez de reservas bancarias. Sin embargo, más desastroso fue el intento de la Reserva Federal de ayudar a Gran Bretaña que había estado perdiendo oro ante nosotros porque el Banco de Inglaterra se negó a permitir que las tasas de interés subieran cuando las fuerzas del mercado lo dictaban (era políticamente desagradable). El razonamiento de las autoridades involucradas fue el siguiente: si la Reserva Federal inyectara excesivas reservas de papel en los bancos estadounidenses, las tasas de interés en los Estados Unidos caerían a un nivel comparable con las de Gran Bretaña; esto actuaría para detener la pérdida de oro de Gran Bretaña y evitar la vergüenza política de tener que subir las tasas de interés. La "Fed" tuvo éxito; detuvo la pérdida de oro, pero casi destruyó las economías del mundo, en el proceso. El exceso de crédito que la Fed inyectó en la economía se desbordó en el mercado de valores, provocando un fantástico boom especulativo. Tardíamente, los funcionarios de la Reserva Federal intentaron absorber el exceso de reservas y finalmente lograron frenar el auge. Pero era demasiado tarde: en 1929 los desequilibrios especulativos se habían vuelto tan abrumadores que el intento precipitó una fuerte reducción y la consiguiente desmoralización de la confianza empresarial. Como resultado, la economía estadounidense colapsó. A Gran Bretaña le fue aún peor, y en lugar de absorber todas las consecuencias de su locura anterior, abandonó por completo el patrón oro en 1931. desgarrando lo que quedaba del tejido de la confianza e induciendo una serie mundial de quiebras bancarias. Las economías mundiales se hundieron en la Gran Depresión de la década de 1930.

Con una lógica que recuerda a la generación anterior, los estatistas argumentaron que el patrón oro era en gran parte el culpable de la debacle crediticia que condujo a la Gran Depresión. Si el patrón oro no hubiera existido, argumentaron, el abandono británico de los pagos con oro en 1931 no habría causado la quiebra de los bancos de todo el mundo. (La ironía fue que desde 1913, no habíamos estado en un patrón oro, sino en lo que podría denominarse "un patrón oro mixto"; sin embargo, fue el oro el que tuvo la culpa). Pero la oposición al patrón oro en cualquier La forma -de un número creciente de defensores del estado de bienestar- fue impulsada por una idea mucho más sutil: la comprensión de que el patrón oro es incompatible con el gasto deficitario crónico (el sello distintivo del estado de bienestar). Despojado de su jerga académica, el estado de bienestar no es más que un mecanismo mediante el cual los gobiernos confiscan la riqueza de los miembros productivos de una sociedad para apoyar una amplia variedad de planes de bienestar. Una parte sustancial del decomiso se efectúa mediante impuestos. Pero los estatistas del bienestar reconocieron rápidamente que si deseaban retener el poder político, la cantidad de impuestos tenía que ser limitada y tenían que recurrir a programas de gasto deficitario masivo, es decir, tenían que pedir dinero prestado mediante la emisión de bonos del gobierno, para financiar los gastos de bienestar social a gran escala. 

Bajo un patrón oro, la cantidad de crédito que una economía puede respaldar está determinada por los activos tangibles de la economía, ya que cada instrumento de crédito es, en última instancia, un derecho sobre algún activo tangible. Pero los bonos gubernamentales no están respaldados por una riqueza tangible, solo por la promesa del gobierno de pagar con los ingresos fiscales futuros, y los mercados financieros no pueden absorberlos fácilmente. Un gran volumen de nuevos bonos del gobierno puede venderse al público solo a tipos de interés progresivamente más altos. Por lo tanto, el gasto público deficitario bajo un patrón oro está severamente limitado. El abandono del patrón oro hizo posible que los estatistas del bienestar utilizaran el sistema bancario como un medio para una expansión ilimitada del crédito. Han creado reservas de papel en forma de bonos del gobierno que, a través de una compleja serie de pasos, los bancos aceptan en lugar de activos tangibles y tratan como si fueran un depósito real, es decir, como el equivalente de lo que antes era un depósito de oro. El tenedor de un bono del gobierno o de un depósito bancario creado por reservas en papel cree que tiene un derecho válido sobre un activo real. Pero el hecho es que ahora hay más reclamaciones pendientes que activos reales. La ley de la oferta y la demanda no debe ser engañada. A medida que la oferta de dinero (de reclamaciones) aumenta en relación con la oferta de activos tangibles en la economía, los precios deben aumentar eventualmente. Así, las ganancias ahorradas por los miembros productivos de la sociedad pierden valor en términos de bienes. Cuando la economía '

En ausencia del patrón oro, no hay forma de proteger los ahorros de la confiscación a través de la inflación. No existe una reserva segura de valor. Si lo hubiera, el gobierno tendría que ilegalizar su tenencia, como se hizo en el caso del oro. Si todos decidieran, por ejemplo, convertir todos sus depósitos bancarios en plata o cobre o cualquier otro bien, y luego se negaran a aceptar cheques como pago de bienes, los depósitos bancarios perderían su poder adquisitivo y el crédito bancario creado por el gobierno no tendría valor como un reclamo sobre bienes. La política financiera del estado de bienestar requiere que los propietarios de la riqueza no tengan forma de protegerse.

Este es el miserable secreto de las diatribas de los estatistas del bienestar contra el oro. El gasto deficitario es simplemente un plan para la confiscación de riqueza. El oro se interpone en el camino de este proceso insidioso. Se erige como un protector de los derechos de propiedad. Si uno comprende esto, no tendrá ninguna dificultad para comprender el antagonismo de los estatistas hacia el patrón oro.

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Alan Greenspan
[escrito en 1966]

Este artículo apareció originalmente en un boletín llamado The Objectivist publicado en 1966 y fue reimpreso en Capitalism: The Unknown Ideal de
Ayn Rand. Compre el libro en Amazon.

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